La Moda y la Arquitectura

 

“La moda es como la arquitectura: se trata de una cuestión de proporciones” 

-Coco Chanel-

 

Cuando pienso en diseñar, pienso en crear, en darle forma a una idea que no tiene forma, a algo que no existe, algo que vive en mi mente y necesito volverlo un objeto.

Es un proceso difícil, las ideas vuelan por todas partes y hay que escoger una. Es estresante, no siempre las ideas son buenas, hay que saber identificarlas, desechar las que no nos sirven y aplicar las que se adaptan al problema. Cuando la idea es buena y parece que puede servirnos, hay que moldearla, ajustarla, empieza el proceso de depuración de la idea, hay que limarla, pulirla, dejarla limpia, que parezca que nació sencilla, pura.

El diseño es un camino que nunca termina, solo decidimos detenernos un momento para después seguir caminando, nos vuelve adictos, el alcanzar aquello que buscamos se vuelve la droga más poderosa, existe ese punto en el proceso de diseño en el cual parece que no lo lograremos, que lo hemos perdido, quizá el objeto sea bueno pero no lo suficiente. Es ahí donde tenemos 2 opciones, detenernos y conformarnos con aquel objeto y aceptar que no siempre podemos alcanzar la excelencia, o simplemente seguir adelante.

Hay una frase que me gusta mucho que dice, “eres tan bueno como tu última obra”, muchas veces las personas viven de glorias pasadas, de éxitos que cada vez se ven más lejanos, cargamos nuestros diseños como medallas en el uniforme, hacemos alarde y nos sirven de carta de presentación por muchos años. Personalmente creo que es un error, en el momento que terminamos un diseño, este se aleja de nosotros y empieza a pertenecer al mundo, se vuelve un escalón en la escalera de los demás, les ayudará como cimiento para desarrollar sus propias ideas,  y nosotros volvemos a donde empezamos, listos para el siguiente reto, sin confiarnos de nuestro talento, conscientes de que el riesgo de no alcanzar nuestro mejor nivel siempre existirá, es por eso que cada batalla se debe afrontar con la humildad de no saberse bueno, de no cantar victoria anticipada, debemos trabajar por volver a logarlo.

El diseño es así, apasionante, complejo, desgastante en su concepción, pero increíblemente satisfactorio cuando vemos el objeto con los ojos y no solo con la mente.

Creo que la clave es nunca sentirnos satisfechos, nunca sentir que somos lo mejor que podemos ser, debemos vivir sintiendo ese vacío y trabajar para llenarlo, sabiendo que nunca lo lograremos, es ahí donde la contradicción entre la perfección y la felicidad existe.

 

  En México hoy en día vivimos una etapa muy interesante, en diversos campos del arte hay una explosión de talento, jóvenes de distintas partes de México están creando piezas llenas de creatividad e imaginación. Hemos tomado elementos de otros países y los mezclamos con nuestro imaginario local, dándole vida a obras llenas de texturas, colores, formas  que nos provocan sensaciones, elevando el nivel del diseño mexicano a un lugar importante en el mundo. Las mezclas entre las distintas profesiones, están generando nuevas formas de expresión, y se potencian las formas y los diseños, cargándose de un contenido nunca antes visto en la historia del arte. Veremos nacer nuevas formas de transmitir las intenciones artísticas en este siglo y México ocupará un lugar muy importante, porque estamos abiertos a todo, no nos sentimos merecedores de nada, tenemos hambre y estamos dispuestos a dejar una marca potente en la historia.

Aquí es donde están sucediendo las cosas, el mundo voltea hacia México para admirar una vibrante escena artística, hemos entendido que nuestro nivel está a la altura de cualquier otro país.

 

Yohji Yamamoto es un diseñador de modas japonés que  resalta por su originalidad y eclecticismo, ha sabido combinar elementos de la cultura oriental y Europea dando vida a unos de los diseños más notorios de la actualidad. Utilizo una de sus frases para ejemplificar el momento en el que nos encontramos actualmente en México. “Comienza copiando lo que amas. Copia, copia, copia copia. Al final de la copia, te encontrarás a ti mismo.”

Hemos llenado nuestros libreros mentales de imágenes y es momento de interpretarlas y plasmarlas en la realidad. Crecemos con el miedo de la imitación y la copia, sin entender que es parte del camino para encontrar nuestra propia voz.  Entendemos la copia como un recurso para desarrollar nuestro propio lenguaje, nos apoderamos de lo que ya existe para crear lo ahora inexistente,  es una herramienta, que va a potenciar nuestro diseño. El lenguaje debe ser el último fin del arte, es ese premio al trabajo duro y constante, el diseño es un camino no una meta, es el proceso de depuración de una idea, de amasarla y cocerla, como si trabajáramos el barro y suavemente le diéramos vida a la forma.

Cuando pienso en la forma del objeto a diseñar siempre hay una constante que debe existir en cada decisión: la proporción. Es ese valor tan difícil de explicar pero fundamental en la calidad de un diseño.

La proporción debe existir en todas las cosas, nos ayuda a comprenderlas y a asimilarlas, nos permite encontrar relaciones entre las distintas partes que componen el objeto y el mundo exterior con el que se relaciona. Cuando hablamos de proporción hablamos de escala, cuando imagino como las prendas se relacionan buscando una mimesis entre los distintos objetos, entiendo que es como en la arquitectura cuando hablamos del equilibrio entre los llenos y los vacíos, la ventana y el muro, el macizo sobre el hueco; es como hablar de densidad en una prenda de vestido, la relación entre el largo de una falda y alto de un zapato, entre la delicadeza de un escote y la abertura en una espalda. 

 

Hablar de proporciones es pensar en equilibrio, en el balance entre las fuerzas que componen el diseño, esto debe ser siempre la mano rectora de cualquier diseñador. 

Veo la arquitectura y la moda como hermanas con distinta escala, donde el objetivo es brindar cobijo al cuerpo y al alma, protegiéndonos de las influencias del mundo exterior. Hemos de conservar esta idea como semilla para que germine en formas que no conocemos todavía.     

 

 

 

Abraham Cota Paredes